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azucar



La textura de un almíbar está determinada por la temperatura de cocción. Cuanto más alta, mayor solidez se alcanzará, te enseñamos los mejores trucos para un almibar perfecto.

QUEBRADO DURO, GOLPE SECO ( 149 - 154 ºC )

Ees el clásico caramelo para decorar postres y tortas. ¿Cómo hacerlo? Sumerja el fondo de la cacerola en agua fría, vierta un poco de almíbar en agua helada y sáquelo una vez solidificado. Si se rompe fácilmente, está amarillento y no es pegajoso, está listo.

BOLA BLANDA, PARA APLANAR CON LOS DEDOS ( 112 - 116 ºC )

La idea es que se forme una bola que se pueda aplastar con los dedos. Para conseguir este punto de cocción debe sumergir la cacerola en agua fría, luego tomar un poco de almíbar y dejarlo caer en un plato con agua helada. Moldéelo con los dedos en forma de bola; si se mantiene, felicitaciones.

BOLA FLEXIBLE, PERO ALGO FIRME ( 118 - 121 ºC )

Coloque la cacerola en un bol con agua fría, vierta un poco de almibar en agua helada y moldéelo en forma de bola. El objetivo es que quede firme pero a la vez flexible y un poco pegajoso. La forma se va a conservar más tiempo que la bola blanda, aunque tampoco demasiado.

BOLA DURA, COMO UNA ROCA ( 121 - 130 ºC )

Sin lugar a dudas, ésta es la más firme de todas. Los pasos son los mismos que para la firme y la blanda, aunque el secreto está en dejarlo reposar unos minutos hasta que quede realmente duro.
 
QUEBRADO BLANDO, JUEGO ELÁSTICO ( 123 - 143 ºC )

Lo importante es que quede duro pero elástico. Primero debe interrumpir la cocción. Una vez logrado esto, deje caer un poco de almíbar en agua helada, remuévalo, sáquelo y estírelo con los dedos de a poco. Recuerde que debe quedar flexible e incluso un poco pegajoso.

PUNTO DE HEBRA, UN HILO DE AZÚCAR ( 106 - 113 ºC )

Para lograrlo, es necesario sumergir la cacerola en un bol con agua bien fría, con el fin de detener la cocción.Si al tomar con una cuchara el almíbar y volcarlo a un plato se forma una hebra delgada, logró su cometido. Si está líquido, vuélvalo al fuego y espere unos minutos más.

CARAMELO CLARO ( 160 - 177 ºC )

Es líquido y su color es similar al de la miel. Los pasos de esta técnica son muy simples: sumerja el fondo de la cacerola en agua fría para detener la cocción. Vierta una cucharada de líquido en un plato blanco. Si el azúcar derretida se convierte en un caramelo claro, ya está listo.

CARAMELO OSCURO

Al igual que con el caramelo claro, aquí también debe detener la cocción cuando vea que ha tomado un color ambarino rojizo. Si lo logró, no continúe cocinándolo porque adquirirá gusto amargo.

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Te pasamos los secretos de una perfecta cocción del azúcar.

La transformación del azúcar y el agua en almíbar o caramelo es el punto de partida de la confitería. Cuando se hierve una solución de azúcar en agua, ésta se evapora y la concentración de azúcar aumenta progresivamente. Cuanto mayor sea el contenido de azúcar, más alto es el punto de ebullición, pero esta concentración puede verificarse midiendo la temperatura con un termómetro. Interrumpiendo la ebullición en diferentes etapas se pueden conseguir almibares más o menos ricos en agua.

Cuando en la preparación ya no queda agua, el azúcar fundido se convierte en un caramelo de color ambarino y aroma intenso. Cuanta menos humedad contiene un almíbar, más se endurecerá al enfriarse. Por lo tanto, el grado de cocción tiene un efecto sobre la textura del producto acabado. El almíbar cocinado a una temperatura relativamente baja permite elaborar bombones o caramelos blandos; el almíbar cocido a elevada temperatura produce caramelos duros como los pirulines.

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Ingredientes

1 k de grosellas coloradas

800 g de azúcar

150 cc de jugo de manzanas verdes

150 g de pétalos de rosas rojas

1 rama de canela

50 g de almendras peladas

50 g de pistachos

30 cc de agua de rosas


La vida es dulce y el azúcar invita tanto a grandes como a chicos a disfrutar de sus variados postres, hoy para ti la jalea de grosellas y rosas.

Preparación:

Pique en forma irregular las almendras y una con los pistachos, remoje con el agua de rosas. Corte los pétalos de rosas en chiffonade, coloque las grosellas en un recipiente apto para microondas, tape con un film y cocine por 5 minutos en máximo.

Retire y pase por la centrífuga para obtener el jugo o bien procese y tamice para retirar las partes sólidas. Mezcle el jugo obtenido con el azúcar (aproximadamente 800 gramos), el jugo de manzanas y la rama de canela. Coloque sobre fuego y una vez alcanzada la ebullición, retire las impurezas.

Cuando no vea más espuma sobre el liquido incorpore los pétalos y continúe la cocción a fuego vivo para evaporar rápidamente el liquido. Siga la cocción hasta que tome punto de jalea, retire del calor y agregue las frutas y el agua de rosas. Entibie, envase y conserve tapada en heladera.



La transformación del azúcar y el agua en almíbar o caramelo es el punto de partida de la confitería. Cuando se hierve una solución de azúcar en agua, ésta se evapora y la concentración de azúcar aumenta progresivamente. Cuanto mayor sea el contenido de azúcar, más alto es el punto de ebullición, pero esta concentración puede verificarse midiendo la temperatura con un termómetro.

Interrumpiendo la ebullición en diferentes etapas se pueden conseguir almibares más o menos ricos en agua. Cuando en la preparación ya no queda agua, el azúcar fundido se convierte en un caramelo de color ambarino y aroma intenso. Cuanta menos humedad contiene un almíbar, más se endurecerá al enfriarse. Por lo tanto, el grado de cocción tiene un efecto sobre la textura del producto acabado.

El almíbar cocinado a una temperatura relativamente baja permite elaborar bombones o caramelos blandos; el almíbar cocido a elevada temperatura produce caramelos duros como los pirulines.

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En la Antigüedad, chinos, indios, egipcios y griegos utilizaban miel para bañar frutas y flores, para confitar o como base de dulces. Aunque estas golosinas coronaban los banquetes atenienses y los festines romanos, luego de la invasión bárbara Europa las condenó al olvido, con excepción de algunas opulentas cortes.

En la Edad Media, cuando el azúcar reemplazó a la miel reaparecieron las golosinas (básicamente se trataba de una combinación de especias y azúcar). Antepasados de los caramelos, el clavo, el jengibre, las almendras y los piñones se bañaban en azúcar y se cocían sobre el fuego. El resultado final era una suerte de garrapiñada llamada "especias de dormitorio".

El porqué del nombre: en ese entonces se solía llevar dulces a la habitación "para facilitar el sueño" y la digestión, luego de comer platos tan abundantes y pesados como los que se consumían en esa época.

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BLANCAS

Azúcar granulada: un tipo de azúcar blanca refinada, económica y muy utilizada generalmente como edulcorante para bebidas, repostería y conservas.

• Terrones de azúcar: es el azúcar granulada y comprimida en forma de cubitos.

Azúcar extrafina: se trata de un azúcar más fina que la granulada, se disuelve más rápido y se utiliza sobre todo para cocinar. Se recomienda para mezclas cremosas, bizcochos y merengues

• Azúcar lustre o glas: azúcar blanca muy fina, que se mezcla a veces con almidón para impedir la formación de grumos (mezcla de azúcar glas). Se utiliza para preparar el fondant de tartas y galletas, y para espolvorear sobre pasteles, puddings y turrones.

MORENAS

Azúcar rubia: producto del jugo de la caña de azúcar sin refinar ni procesar, sólo cristalizado. Todavía conserva melaza. Se usa para endulzar el café o espolvorear sobre pasteles antes de hornear, de modo que forme una capa crujiente. Presenta un alto contenido en sacarosa.

Azúcar negra: azúcar mezclada con melaza, que le da color, sabor y una textura húmeda.

 

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Ingredientes

200g de champiñones

1 echalote

1 berenjena

3 dientes de ajo

2 zanahorias

Aceite de maíz, c/n

Sal fina y pimienta, a gusto

Hojas de espinaca, c/n

azúcar a gusto


La vida es dulce. Asociada a la infancia y sus placeres, ninguneada por los amargos y amada por los golosos, el azúcar invita a múltiples alianzas, como la que te presentamos acontinuación

Preparación:

Blanquee las hojas de espinaca y seque sobre papel, lave la berenjena y pique con los dientes de ajo. Hornee hasta que la carne esté tierna. Recupere la misma sin semillas ni cascara. Corte los champiñones y coloque en el aceite de maíz sin salar. Agregue el echalote picado finamente y las zanahorias en bastones.

Sale y cocine hasta que estén tiernas, una la pulpa de la berenjena. Rectifique la sal y la pimienta. Revista un aro de 12 cm con las hojas de espinaca, rellene con los vegetales. Comprima ligeramente para darle forma. Desmolde sobre el plato. Puede usarse uno entero o por mitades.

Armado y presentación:

Sirva la caña de azúcar con la pasta de camarones en un plato. Salsee con la jalea de pimientos y acompañe con las verduras moldeadas.



Gusto primigenio:

Según la química, es sacarosa cristalizada. La sacarosa es un disacárido formado por una molécula dt glucosa y otra de fructosa. En la dieta, la principal función del azúcar es proveer energía rápida. Claro que también está el otro aspecto, nada desdeñable: otorgar sabor a otros alimentos importantes, hacerlos atractivos al paladar.

Si bien es cierto que la exposición a la comida durante los primeros años de vida determina nuestras preferencias en materia culinaria, todos los reden nacidos comparten el gusto por lo dulce. No en vano la leche materna contiene esfe sabor. Y a los bebés les gusta particularmente: si se añade azúcar a un biberón de agua, lo succionan durante más tiempo que si se trata sólo de agua. Por la expresión de sus caras, además, se puede vislumbrar el agrado: con los alimentos dulces los músculos de sus caritas se relajan espontáneamente. Ante el sabor agrio en cambio, se contraen. El amargo, por su parte, les hace abrir la boca.

Esta inclinación infantil persiste durafite toda la vida. En realidad, el sabor dulce del azúcar o de los alimentos azucarados nos atrae naturalmente: para nuestro organismo es garantía de una buena provisión de energía y de comida en buen estado. Esta predilección es innata en el hombre, herencia demuestras ancestros primates, que eran básicamente frutívoros.

Sal de la india:

El azúcar proviene principalmente de la caña de azúcar, un "pasto tropical originario de Nuevat Guinea. Las referencias a esta cañase remontan a más de 5.000 años atrás: se consumían estos tallos pelados, masticándolos para obtener su dulzura interior. 

Desde las islas del sudeste asiático, el cultivo salta a la India, donde hace uno? tres'mif años se ideó el proceso para extraer el azúcar evaporando el jugo de la caña, obtenido por prensado. Pronto pasó a la China y se expandió por Oriente. Dicen que los ejércitos de Alejandro el Grande descubrieron maravillados y se llevaron algunas muestras de azucar. La describían como "una caña que da miel sin abejas".  

 

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Debido a la creciente demanda de este producto, escaso y muy valioso, los portugueses y los españoles llevaron el cultivo a sus recientes colonias de África y América, donde había tierras suficientes y clima adecuado. La actual República Dominicana tuvo los primeros cañaverales americanos, desde donde se expandieron al resto de Centro y Sudamérica. La cosecha y producción de azúcar exigía mucha mano de obra: por eso las plantaciones americanas de caña de azúcar están tristemente asociadas a la introducción de los esclavos africanos en estas tierras.

Desde entonces, y especialmente en los dos últimos siglos, la producción y el consumo de azúcar no dejaron de crecer. En 1800, el mundo generaba unas 250 mil toneladas, cifra que se elevó hasta los 10 millones a principios del siglo XX. Hoy, la producción mundial roza los 140 millones de toneladas: más del 70 % se obtienen a partir de la caña de azúcar. El resto, de la remolacha azucarera.

La alimentación mundial es cada vez más rica en azúcar: golosinas y bebidas azucaradas aportan una enorme cuota. Si bien se asocia su consumo exagerado con la diabetes y otros desarreglos metabólicos, el problema está en el exceso de calorías, ya vengan de azúcares o de grasas. La Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta de 30 a 50 gramos diarios. Sin lugar a dudas, el azúcar es uno de los placeres básicos de la vida, una sustancia presente en todos los alimentos y, con moderación, podemos seguir disfrutando de ella, del sabor simple que nos regala en cada bocado un viaje a la felicidad de la infancia.

 

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El azúcar se puede clasificar por su origen (de caña o de remolacha) pero también por el grado de refinación. Generalmente este grado se evidencia por el color: azúcar morena (o negra), nibia o blanca. U primera está mezclada con melaza (de ahí su color). La segunda es producto del jugo de caña sin retinar. Los sucesivos pasos del refinado van aclarando el producto. Por lo tanto, el valor nutricional de los tres es equivalente.

Los vegetarianos más estrictos suelen rechazar el azúcar blanca. ¿La razón? En el proceso de refinación se usa carbón activado para absorber las impurezas. Este carbón a menudo está hecho a partir de huesos calcinados. Sí bien el carbón es removido por completo, los vegetarianos rechazan el azúcar blanca por haber tenido contacto con un producto de origen animal.

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