Es posible que no haya otro plato más representativo de la cocina griega como la mussaka: un pastel de berenjenas y carne picada, cubierto de bechamel y gratinado con queso, que hace las delicias de propios y extraños. En Corfú, se hace un plato de aires muy cercanos, llamado pastitsio, en el que la pasta ocupa el lugar de la berenjena.
Preparación:
Cortar las berenjenas en rodajas, extender sobre una fuente, sazonar, colocar otra fuente encima y esperar 30 minutos, para que suelten el jugo amargo. Lavar, escurrir, secar y reservar.
Dorar la cebolla -picada fina- con la mantequilla, en una sartén ancha. Incorporar la carne picada, avivar el fuego y saltear, sin dejar de remover, hasta que cambie de color. Unir los tomates -pelados, sin semillas y picados-, el vino, la canela y el orégano, condimentar con sal y pimienta y cocinar 45 minutos, a fuego lento.
Freír las berenjenas en aceite de oliva bastante caliente, escurrir y reservar.
Aceitar una fuente de horno. Cubrir el fondo con una capa de berenjenas y, sobre ella, una de carne picada. Repetir la operación y terminar con una de berenjenas.
Preparar 1/2 litro de bechamel. Enriquecerla con 2 yernas de huevo y la mitad del queso rallado. Cubrir con ella las berenjenas, espolvorear con el resto del queso y gratular.
Datos:
Muy caliente. La carne de cordero suele contener una cantidad apreciable de grasa que tiene un sabor más intenso cuanto mayor es el animal. Para evitar que los aromas de la grasa inunden el plato, debemos comerlos muy caliente.