Se trata del tan conocido y apreciado arros amb fesols i naps. Un arroz caldoso, casi un potaje de arroz con un aire a olleta alicantina, que representa los sabores de la huerta valenciana. Este guiso revela una delicadeza casi sobrenatural. La culpa es, al menos en parte, del nabo confitado. Varias horas de cocción a fuego lentísimo lo convierten en un prodigio de dulzor, suavidad y delicadeza. Hoy para ti, el arroz con porotos y nabos.
Preparación:
Cocinar los nabos -pelados y enteros- en una cazuela con agua y sal, a fuego lo más lento que sea posible, durante 3 horas.
Poner los porotos -en remojo desde el día anterior- en una cazuela con la carne de cerdo, cubrir con agua, sazonar, aderezar con unas hebras de azafrán y mantener a fuego lento.
Añadir un sofrito elaborado con la cebolla -picada muy fina-, los dientes de a jo y el tomate -pelado, sin semillas y muy picado-, y llevar a ebullición, agregar 1/2 vaso de agua fría y seguir cocinando al menos durante 11/2 hora, hasta que los porotos estén tiernos (retirar las piezas de carne conforme vayan estando cocidas y reservar).
Incorporar el arroz, las carnes -cortadas en trozos-, los nabos -con cuidado, para que no se rompan- y dejar cocinar durante 17 minutos, añadiendo agua hirviendo si vemos que se nos queda corto de caldo. Salar y servir.
Datos:
Ojo a la cazuela. Tanto la olla de hierro como la cazuela de baño tienen su encanto, pero conservan el calor durante mucho tiempo, lo que hace que el arroz se pase. No me parecen recomendables para preparar un anoz, pero, en cambio, aportan un cierto encanto al presentarlos. Siempre se puede preparar el arroz en una cazuda normal y pasarlo a una olla de hiena o de baño en el momento de servirlo.