Los baklavás llegaron a Grecia desde Turquía y a todas las cocinas de Oriente Medio, donde estos dulces consolidaron su prestigio y abrieron la puerta a un sinfín de alternativas. Una de ellas aparecerá en el libro dedicado a Turquía, aunque se planteará de una forma completamente diferente. Su nombre es conocido en todos los rincones de Grecia.
Preparación:
Trabajar, por separado, las almendras y las nueces. Envolverlas en un paño limpio y golpear con un rodillo hasta obtener un picado intermedio. Mezclar, añadir la canela y reservar.
Enmantecar un molde con mantequilla fundida. Cubrir el fondo con una hoja de pasta filo, untar con mantequilla y repetir la operación dos veces más. Cubrir la tercera hoja con una capa fina de almendras, nueces y canela.
Poner otra hoja, untar con mantequilla y cubrir con una fina capa de frutos secos y canela. Repetir hasta formar tres capas de relleno. Cubrir con la última hoja (son siete en total). Untar con mantequilla, cortar en forma de rombo y poner una pizca de clavo de olor molido en el centro de cada porción.
Asar, en el horno precalentado a 160° C, durante 1 hora. Mezclar los ingredientes del almíbar y cocinar, a fuego lento, hasta obtener un jarabe ligero. Retirar la rama de vainilla. Esperar a que se enfríen los baklavás para rociarlos con el almíbar.