Las castañas

Con la llegada del frío, el cuerpo se prepara para acumular reservas de energía y hacer frente así a las temperaturas. Una opción de temporada y no tan calórica como cabría esperar- son castañas.
La castaña es originaria de las zonas mediterráneas europeas. Concretamente Italia fue de las primeras zonas en las que se cultivó. Por lo general, la que se suele consumir es el fruto del castaño común, aunque existen otras especies.
Esta deliciosa otoñal se asemeja, por composición, más a la dos cereales que a la de los frutos secos, ya que a diferencia de estos últimos, la castaña es rica en hidratos de carbono complejos. El contenido de agua alcanza un porcentaje cercano al 50%.
Con todo ello, la castaña es uno de los frutos secos menos calóricos (contiene menos de la mitad de las calorías que el resto). Además es rica en minerales como fósforo, calcio, hierro, cinc, magnesio y cobre. Destaca también su contenido en vitaminas del tipo B y ácido fólico, todas ellas imprescindibles para reglar nuestro sistema nervioso.
Cómo elegirlas y conservarlas
- Las primeras castañas frescas la puedes encontrar cuando empieza el otoño. Pero, además, las puedes comprar durante todo el año peladas, asadas, en bote o congeladas.
- Noviembre y diciembre son los meses en los que más se consumen.La corteza brillante y sin defectos indica la buena calidad del fruto.
- Hay que conservarlas en algún lugar fresco y seco.
- También se pueden congelar, tanto crudas como cocidas. De esta manera se mantienen en óptimas condiciones hasta seis meses.
- El mejor lugar para guardar las que son frescas es en un cesto de mimbre.