Huevos, pura perfecion

Geométricamente perfecto, símbolo del origen y de la vida, el huevo tiene un lugar de honor en todas las cocinas. Su alto contenido proteico y su capacidad de ligar y otorgar texturas y volumen lo convierten en un ingrediente indispensable en innumerables platos y bebidas. Sobran los ejemplos: desde el popular y contundente huevo frito hasta la sutileza del merengue italiano, pasando por las mousses, el bizcochuelo y el pisco sour peruano.
Claro que este glamour de blanca exactitud desaparece cuando se piensa en su producción industrial. Hacinadas, prácticamente inmóviles, bajo la inclemencia de la luz artificial, las gallinas de las granjas de producción intensiva no viven: sólo ponen huevos en una rutina de campo de concentración.
En oposición, los huevos orgánicos provienen de gallinas felices, que viven su vida siguiendo los ritmos naturales, caminando por el campo y alimentándose con ecológica corrección. Sus huevos serán, por lo tanto, también felices cápsulas proteicas que alegrarán nuestra alimentación.
Vida de gallinas:
Encerradas en jaulas con espacio varias veces menor del que necesitan para moverse, las gallinas de las granjas "industriales" a menudo tienen huesos rotos y enfermedades relacionadas con el estrés. Las jaulas contienen hasta diez aves que, enloquecidas, se matan a picotazos entre ellas: se les suele recortar el pico para evitar estos furiosos ataques caníbales.
Estas máquinas de fabricar huevos son tratadas y alimentadas para que produzcan la mayor cantidad posible. Reciben un cocktail de antibióticos preventivos, tranquilizantes y follajes con colorantes artificiales (para obtener una yema más anaranjada, que los consumidores aprecian). Tampoco conocen las diferencias entre el día y la noche, ni los cambios climáticos: la luz y la temperatura ambiente están marcadas por las necesidades de la producción.
Finalmente, estos huevos "de fábrica" llegan a nuestra cocina, a nuestros platos y a nuestros cuerpos. Los expertos aseguran que tienen menor valor nutricional, colesterol más elevado y peligrosas sustancias derivadas de los agroquímicos -herbicidas, pesticidas y fertilizantes- presentes en los cereales que consumieron las ponedoras.
Por el contrario, los huevos orgánicos -no confundir con los "de campo"- son producidos bajo estrictas normas de higiene y bioseguridad. También se considera el bienestar de las gallinas, que pasan una vida mucho menos estresada y más "natural" que las esclavas ponedoras. En la práctica, las gallinas de las granjas orgánicas viven libremente, salen a caminar por el campo, comen pasto y siguen los ritmos de la naturaleza. Duermen, cuando la puesta de sol así se los indica, en perchas en galpones que se limpian diariamente. La higiene resulta fundamental, ya que no se aplican antibióticos: la presencia de Salmonella se evita con la pulcritud del galpón y el cambio continuo de las "camas" de las gallinas. El otro punto clave de los huevos orgánicos es la alimentación de las aves: el cereal que se les suministra también es orgánico (no contiene ningún tipo de agroquímicos).
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