Coliflor en plena temporada de invierno

Sin duda, los meses de frío son los más adecuados para saborear esta verdura. Si bien algunas personas la rechazan por su olor y porque les resulta flatulenta, estos pequeños inconvenientes se solucionan si se consume cruda.
La coliflor pertenece a la familia de la crucíferas, igual que el brécol y el repollo. Los romanos fueron los primeros en cultivarla y en extenderla por el Mediterráneo. Se considera un alimento con una buena fuente de fibra, vitaminas, sobre todo C y B6, y minerales como el potasio y el fósforo. Gracias a su contenido en agua y a su escaso aporte calórico, es idónea en dietas de control de peso.
Consumirla de forma regular contribuye a la prevención de algunas enfermedades degenerativas y a ciertos tipos de cáncer. Además, con su efecto antioxidante estimula el sistema inmunológico. A la hora de comprarla, se aconseja elegir ejemplares firmes y compactos, con hojas verdes y tiernas. Lo mejor es conservarla en el frigorífico y no lavarla hasta el momento de cocinarla.
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