Citricos: salud en gajos

Llegan los frios y los cítricos y otros vegetales aportan la cuota de vitamina C que necesitamos para hacerle frente a gripes y resfrios. Aprende más sobre estos cítricos: salud en gajos.
Un tecito humeante, con bastante limón, y a la cama. La receta de la abuela rara vez falla. El resfrío desaparece -o por lo menos los estornudos amainan- y uno se siente reconfortado. La ciencia lo explica: el limón -como todos los cítricos- contiene vitamina C, compuesto que, según algunos científicos, funcionaría como un tratamiento antirresfrío.
Todos necesitamos una dosis diaria de vitamina C. El hombre es uno de los pocos animales -además de los monos, el conejillo de Indias y una especie de murciélagos- que no puede sintetizarla. Y como no puede almacenarla, y es imprescindible para la vida, dependemos del aporte diario a través de los alimentos. Tranquilos: en condiciones normales, la alimentación cotidiana alcanza para cubrir esta necesidad.
En casos extremos, la falta absoluta de vitamina C en la dieta produce escorbuto, una enfermedad bastante desagradable, que puede llegar a ser mortal y que se caracteriza por encías sangrantes, caída de los dientes y debilidad en los vasos sanguíneos. La sufrían los marinos que pasaban meses de navegación sin probar vegetales. Por eso, los capitanes más preparados solían llevar naranjas o limones ya que, si bien no conocían la vitamina C —que fue identificada recién en 1932-, sabían que esas frutas alejarían a su tripulación del temido escorbuto.
La dosis diaria recomendada para adultos varía de 60 a 100 miligramos, que se cubre comiendo una o dos naranja por día o dos porciones de vegetales frescos. Si bien esto deja claro que una dieta normal aporta la cuota de vitamina C necesaria para no enfermar, algunos científicos, entre ellos el premio Nobel Linus Pauling, sostienen que dosis mayores pueden tener efectos positivos sobre la salud, ayudando a combatir algunas enfermedades y retrasando el envejecimiento. Por eso recomiendan consumir unos 400 miligramos diarios. Esta cantidad no tendría efectos secundarios indeseados ya que el organismo elimina naturalmente el exceso de vitamina C. Aun así, todos los expertos recomiendan no abusar.
La vitamina C es fundamental para muchas funciones del organismo. Participa en la respiración celular y en la formación de colágeno y es un potente antioxidante. Si bien hay discusión al respecto, varios estudios demostrarían que eleva las defensas y, por ¡o tanto, resultaría efectiva en la prevención y el tratamiento del resfrío y la gripe. Otros van más allá y relacionan su consumo elevado con la prevención del cáncer y de dolencias cardíacas.
Si bien casi todos los vegetales frescos la contienen, hay algunos que son particularmente ricos. Contra lo que se podía suponer, los cítricos no encabezan esta lista.
Los vegetales con mayor contenido de vitamina C son, entre otros aún más exóticos, la acerola (un fruto originario de Centroamérica) y la rosa mosqueta. La lista se completa con kiwi, brócoli, repollitos de Bruselas, papaya, frutillas, naranja, limón, coliflor y pomelo. La leche y el pescado contienen pequeñas cantidades.
La vitamina C se destruye por acción del calor y del sol. Por eso los alimentos crudos tienen mayor contenido de esta vitamina. La cocción no la elimina totalmente: se supone
que lo que se pierde va a parar al agua de cocción, por lo que es preferible cocinar los vegetales al vapor. La concentración de vitamina C en un vegetal también depende del momento en que se lo cosechó, de la forma de conservación y de la manera de prepararlo (es conveniente exprimir los cítricos justo antes de beber el jugo).
Es cierto que la vitamina C también viene en pastillas y que consumirla de esta manera puede ser más sencillo. Sin embargo, todos los expertos aseguran que el organismo aprovecha mejor las vitaminas de los alimentos. Además de las razones de salud, no olvidemos el placer de tomar, una mañanita de invierno, un jugo de naranjas recién exprimido.
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