cafe

Muchos estudios sugieren que el consumo de café ayuda a prevenir la diabetes tipo 2. Este producto originario de Medio Oriente es actualmente en Occidente una de las mayores fuentes de compuestos fenólicos que protegen al organismo del daño de las oxidaciones. En la Universidad de Dusseldorf, Alemania, Kerstin Kempf y su equipo estudiaron los efectos de la ingesta de café en un grupo pequeño de 47 bebedores habituales durante tres meses. Los participantes no lo ingirieron durante el primer mes, en el siguiente tomaron cuatro tazas de 150 cc por día y, en el Sr tercero, ocho tazas.
Los investigadores encontraron una relación inversa entre la ingesta de café y el riesgo de diabetes tipo 2. Este estudio, el primero en investigar los efectos antiinflamatorios y antioxidantes del café, detectó en la sangre de los bebedores de café un descenso de sustancias proinflamatorias y un aumento de los antioxidantes. Esto explicaría la reducción del estrés oxidativo y la disminución del riesgo de diabetes tipo 2, al contrarrestarse el impacto de la inflamación que impide que la insulina funcione correctamente.

Nestlé presenta una nueva novedad: Nescafé Dolce Gusto, un nuevo concepto que permitirá disfrutar de una amplia gama de bebidas, calientes y frías. Se trata de un novedoso sistema de bebidas en cápsulas monodosis resultado del trabajo conjunto de Krups, que comercializa la cafetera y de Nestlé, que ha desarrollado el sistema y la cápsula.
Las cuatro especialidades son: Capuccino, Espresso Intenso y Espresso Decaffeinato y chocolate caliente (Chococino). Tanto la cafetera, de diseño práctico y original, como las cápsulas, que se presentan en packs de 16 dosis, pueden adquirirse en grandes superficies. Además, las cafeteras podrán comprarse en tiendas especializadas y las cápsulas en establecimientos de alimentación.

Hablaremos sobre el antioxidante por naturaleza, el café.
Virtuoso por su capacidad para despertar los sentidos, el café es una de las bebidas más difundidas y consumidas en todo el planeta. De un aroma y sabor increíbles, el café es ideal para disfrutar con los sentidos del gusto y el olfato, al mismo tiempo que de sus beneficios. Recientes investigaciones científicas aseguran que el consumo moderado de café puede ser generador de ciertos efectos positivos sobre nuestro cuerpo porque es naturalmente rico en antioxidantes.
Los principales antioxidantes del café son los compuestos fenólicos y su cantidad varía según el tipo de grano de café, el proceso de tostado y el modo de preparación. El café podría proveer un alto porcentaje de los requerimientos de este grupo de antioxidantes.
Aunque es mucho lo que queda por aprender aún respecto a estos alimentos, existen pruebas convincentes de que los radicales libres intervienen en un buen número de enfermedades que suponen un problema importante para la salud pública en todo el mundo. El cuerpo humano tiene un sistema complejo de defensas naturales antioxidantes que contrarrestan los efectos dañinos de los radicales libres y demás oxidantes. No obstante, podemos aumentar la protección contra los radicales libres con un amplio consumo de antioxidantes que se encuentran en los alimentos y bebidas, como el café.

Te contamos sobre el rito del café, esas costumbres y reglas que hicieron del café más que una bebida, una tradición.
El modo de preparar, servir y tomar el café en la cultura árabe deriva de los rituales de hospitalidad de los beduinos, que ofrecían esta bebida a cualquier visita que llegara a sus tiendas. Se consideraba un ofensa rechazarlo. La etiqueta indicaba un orden estricto para servir: primero los hombres, siempre según su rango. Luego le tocaba el turno a las mujeres.
En la actualidad las cosas cambiaron y se acostumbra servir primero a las damas.
Aún hoy se sigue considerando una ofensa rechazarlo: las tazas se llenan por la mitad y a la visita puede que se le sirva varias veces. En general, es signo de cortesía aceptar un número impar de tazas (una, tres o cinco). Al sacudir la taza vacía, el huésped indica al dueño de casa que ya ha tomado suficiente.

Te traemos la segunda parte del relato: Cafe de aromas y charlas, en esta ocasión veremos la conquista de Europa, los mercados asiáticos y Brasil.
La cantata del café:
Los comerciantes venecianos fueron los encargados en llevar la infusión de café a Europa, gracias a que manteían fluidas relaciones con los mercados asiáticos. Dicen que en una primera instancia la Iglesia italiana buscó prohibir el café, por considerarlo "la bebida del diablo", pero que el Papa Clemente VII, quedó encantado con el exótico sabor de tal bebida y afirmó se el café se trataba de una "bebida verdaderamente cristiana".
El primer café inglés se abrió en Oxford, en 1637. Tan solo medio siglo después se registraban en Inglaterra más de tres mil cafés, a los cuales las mujeres tenían prohibida la entrada. Por otra parte, Paris tuvo su primer café en 1672 mientras que el primer café de Viena abrió sus puertas en 183. El más famosos de los cafés italianos, El Fiarían, en Venecia, extiende sus mesas en la Plaza San Marco desde 1720. En España entró -o volvió- de la mano de los Borbones. Lo cierto es que a donde llegaba, el café despertaba intensas adhesiones y, al mismo tiempo, fuertes críticas.
Tanto consumo exigía una mayor producción. En un principio los gobernantes árabes mantenían un monopoliso sobre la venta de café prohibiendo el transporte de plantas fuera del territorio musulmán y solo se podían comercializar granos tostados, evitando la germinación de la planta. Sin embargo, un tal Baba Budan, un musulmán indio en peregrinaje hacia la Meca, se las ingenió para contrabandear de vuelta unos granos verdes, que plantó en su casa en el sur de la India. Desde allí, finalmente, el cultivo del cafeto se esparció por todo el mundo.
Luego llego a Indonesia por medio de los holandeses mientras que gracias a los franceses arribó a Martinica. Más tarde ingleses, portugueses y españoles lo difundieron por todo el cinturón tropical de sus colonias. Finalmente llegó a Brasil en 1727, aunque sólo se logró su aclimatamiento en la zona sur hacia 1800: durante muchas décadas fue el principal recurso de ese país.

Las leyendas, como siempre, varían. Pero todas coinciden en una cosa, el origen del café ocurrió en el desierto de Etiopía hace mucho más de mil años. Algunos relatan que un pastor observó que luego de que sus cabras se comían el fruto del arbusto, estas se volvían más activas y despiertas y que luego el mismo decidió comprobarlo, confirmando el efecto estimulante del fruto. Otros relatos afirman que un tal Ornar el Derviche, cuya condena era vagar por el desierto, descubrió que la cocción de esos frutos le devolvía la energía y lo animaba.
Del desierto a Constantinopla:
Desde tiempos inmemorables, algunos pueblos etíopes se alimentaban de las bayas de este arbusto, el cafeto, comiéndolas envultas en grasa animal convirtiéndose en una poderosa fuente de energía para los guerreros y los cazadores. Sin embargo, fueron los árabes quienes decubrieron como aprovechar las semillas en forma de bebida: los tostaban y molían, para luego realizar la infusión.
Pronto se decidió trasladar las plantas a Arabia, en principio para uso estrictamente religioso: se bebía la infusión con la finalidad de alargar las horas de meditación y plegarias. Para el siglo XIII, el café se había convertido en una bebida popular y se servía en lugares específicos, cafés, donde se reunían filósofos, artistas, comerciantes, políticos para reflexionar, escuchar música y contar relatos.
Los religiosos musulmanes decidieron prohibir las casas de café, luego de escandalizarse con el uso mundano que se le estaba dando a su bebida sagrada. Las reglas eran estrictas para todos aquellos que siquiera pensaran en beber café tanto así que la primera vez, los infractores eran azotados; la segunda, eran arrojados al río dentro de bolsas de cuero. Sin embargo, los duros castigos no impedir a la gente de tomar café y un tiempo después las autoridades decidieron sacar provecho de la irresistible atracción de la bebida, legalizaron las casas de café pero cobrándoles altísimos impuestos.
En 1457 abrió en Constantinopla la primera casa de café fuera de Arabia. En Turquía estos establecimientos se convirtieron en un lugar de reunión para hacer negocios o simplemente charlar y fueron ellos los primeros en agregarle especias al café como cardamomo, canela, clavo de olor y anís. Era tal su fama, que la lmisma ley turca establecía que una mujer tenía derecho a divorciarse si su marido no era capaz de proveerle la dosis diaria de café.

Por regla general, el café es utilizado en múltiples circunstancias. Fanáticos o por qué no decir, adictos, suelen consumir litros de café por día, su aroma despierta en ellos sensaciones de placer. Mala fama le han echado, pues dicen que para la salud, en general, no es conveniente, especialmente el no poder prescindir de él. Es el compañero infaltable de poetas, escritores, cantantes, actores y periodistas, en las tardecitas o en las largas noches en las que desarrollan la creatividad, haciendo surgir cosas ocultas de su profundo intelecto guardadas, muchas veces, en el tiempo, y que aparecen como si estuvieran a flor de piel.
Todas las estaciones lo cuentan como aliado y de las veinticuatro horas del día, cualquiera puede ser buena para beberlo. Infinidad de temas son tratados en su presencia, reuniones de negocios, charlas en la oficina o en la mesa de un café o restorán. Una pareja puede disponer de ese tiempo, frente a frente para conversar cosas importantes que, a veces, en casa no encuentran el momento preciso ni la intimidad necesaria. Mientras lo bebemos, muchos proyectos pueden desarrollarse y tener un buen final, aunque en otras ocasiones la conversación puede activar situaciones ya terminadas. El desayuno puede ser otro momento adecuado, luego de un buen despertar, una taza de café negro o con leche, y unos tiernos panecillos pueden ser la forma de dar buen comienzo al día.
Cuando planeamos una cena en casa para agasajar amigos, el tiempo del café no debemos pasarlo por alto, es el final de una reunión que, por sencilla que sea, luego del postre junto a un bombón es, sin lugar a dudas, el broche final. En momentos de gran estrés, mucha gente lo utiliza como compañía o solución a dicho estado. Todo exceso no es bueno, pero "un cafecito" de vez en cuando es digno de disfrutarlo. Un café compartido es parte de la vida, significa que alguien está dispuesto a disfrutarlo y a escucharnos. Además de ser testigo de diferentes situaciones, es energético y compañero de grandes soledades. Para aquellos que creen que el destino no está trazado de antemano y consultan a menudo a expertos en leer la borra del café para conocer sus designios, les deseo buena suerte.


